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Guion

El miércoles 19 de febrero de 1987 parecía un día común en la Tierra. Sin embargo, el cielo ofrecía un espectáculo inusual: brillaba con una intensidad extraordinaria y se teñía de colores luminiscentes, como si una aurora boreal hubiera descendido sobre el planeta. Aquella noche, algunos testigos afirmaron haber visto un objeto cruzar la atmósfera a gran velocidad, confundido con un cometa. Lo que nadie sospechaba era que se trataba de una nave errante, proveniente de un remoto rincón del universo llamado Furbylandia, que estaba a punto de estrellarse contra la superficie terrestre. El impacto sacudió la zona del choque, atrayendo a varios curiosos. Al acercarse, oyeron sonidos agudos e incomprensibles, similares a los que se escuchaban en las películas de ciencia ficción. Cuando el humo y el polvo comenzaron a disiparse, unas pequeñas criaturas emergieron del interior de la nave, desconcertadas pero atentas a su entorno. Eran seres de apariencia peculiar: su cuerpo esponjoso recordaba al de un hámster, mientras que sus ojos grandes y su pico curvo evocaban a un búho. Aunque se mostraban asustados, no parecían hostiles. Uno de los espectadores, con cautela, decidió acercarse. Para su sorpresa, de los labios de uno de los recién llegados surgió una única palabra comprensible: "Furby". Desde ese momento, los habitantes de la zona comenzaron a cuidar de ellos, ofreciéndoles frutas y otros alimentos, logrando poco a poco ganar su confianza. Con el paso de los días, una de las criaturas se animó a acercarse por voluntad propia. Para sorpresa de todos, permitió que la acariciaran. Nadie imaginaba que el tacto era su forma de aprender idiomas; aunque solo podían asimilar ciertas palabras, esto les permitió comunicarse rudimentariamente con los humanos. Con el tiempo, los Furbys demostraron ser amigables, curiosos y juguetones. Finalmente, cuando la relación entre ambas especies se fortaleció, los pequeños alienígenas decidieron mostrarles el interior de su accidentada nave. Dentro, los humanos encontraron un telescopio que apuntaba hacia un planeta lejano de tonos rosados y azulados, semejante a una nube de algodón. Era su hogar. También descubrieron un panel de control con luces de emergencia aún encendidas, lo que indicaba que el impacto había sido un accidente. Los Furbys, con gestos y sonidos, hicieron entender a sus nuevos amigos que necesitaban ayuda para reparar la nave y regresar a su mundo. Sin embargo, los meses pasaron y la conexión entre ambas especies creció. Los Furbys se integraron a la vida terrestre con sorprendente facilidad, adaptándose al lenguaje y las costumbres humanas. Poco a poco, se dispersaron por distintos lugares, hasta que finalmente fueron domesticados y se convirtieron en las mascotas más queridas por los niños. Con la ayuda de la ciencia, los humanos lograron replicar su ADN para evitar su extinción, asegurando su permanencia en la Tierra. Años después, los Furbys continúan viviendo entre nosotros, explorando el mundo, aprendiendo nuevas habilidades y protagonizando innumerables aventuras. ​

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